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Sol Naciente
PorHugo Lagos Fecha18 Marzo 2011

Sushi y pescado crudo con salsa de soya al desayuno. No, no es lo que los
chilenos acostumbramos a consumir en las mañanas. En Japón es todos
los días, “donde fueres haz lo que vieres”, dice el proverbio, el ritual duró
tres largas semanas, el problema es que al mediodía y en la noche era
más o menos la misma cosa, con algunas variaciones, a veces en el plato
había flores…

“¡Campái!”, dijo Kusumoto-san y todos levantamos la copa de sake*.
“Bienvenido a Japón” tradujo Ruriko una fina y sonriente mujer nipona, las
vocales en O, o en A, aquí no definen el género.
Así empezó el primer viaje a la tierra del sol naciente a fines de los 70.
Fue un descubrimiento.
Mezcla de tradición y modernidad, Japón alterna la alta tecnología con
templos Shintoïstas, religión nacional que predica la fusión del hombre con
la naturaleza.
En Kyoto, antigua capital imperial donde existe la mayor cantidad de
templos, flores y sakura (cerezos), era una evidencia.
Al caer la tarde, después de la ceremonia del té verde nos fuimos al hotel
a descansar y ver por televisión el torneo de Sumo, una especie de lucha
de gladiadores que todo el país sigue atentamente.
El Sumo por estos lados es una religión.

La visita a Hiroshima fue silenciosa, las cicatrices de la bomba atómica no
se han cerrado totalmente, “lluvia negra” dijo el guía, “después de la
explosión, lluvia negra…”

La extrema cortesía de los japoneses así como también el estricto sentido
de la jerarquía, del civismo y la organización eran rasgos característicos
que me sorprendieron. En invierno todo el mundo usaba mascarillas para
evitar el contagio gripal. Hablo de hace más de 40 años.
Poco conocía de Japón en esa época, a parte de una canción de gran éxito
radial en los años 60 cuyo nombre no recuerdo.
Los chilenos compartimos con este país una tierra propensa a los
movimientos telúricos. Los japoneses ellos, conocían la quena, el
charango, Lucho Gatica, los tangos y los boleros.

Fue un amanecer como tantos otros. La ciudad bostezaba tranquila al
borde del océano cuando la tierra se puso a temblar interminablemente.
Después del terremoto el tsunami arrasó con todo inundando hasta la
central nuclear, la catástrofe fue inevitable.
Al ver las noticias, pensé en el guía de Hiroshima, « lluvia negra, después
de la explosión, lluvia negra… »

Sake : alcohol de arroz
Lluvia negra : lluvia radioactiva.